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Infancias en tránsito: Voces disimuladas de la niñez migrante

Tegucigalpa. “No teníamos opciones… mi familia no contaba con recursos”. “Migramos por las amenazas; la falta de dinero sigue siendo un problema en nuestro país. Mi esposo, mi hijo y yo nos vimos desplazados y decidimos migrar”.
Estas son solo algunas de las voces disimuladas de la niñez migrante, testimonios que rara vez encuentran espacio en el debate público pese a la magnitud del fenómeno.

En Honduras, niñas, niños y adolescentes y extranjeros, continúan su éxodo en condiciones de alta vulnerabilidad. Aunque el desplazamiento forzado ocurre en todo el país, en la capital, Tegucigalpa, las calles se han convertido en un albergue silencioso para quienes huyen de la violencia y la pobreza.

Datos del Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (CONADEH) indican que una de cada cinco personas desplazadas por violencia es menor de 18 años. El organismo acumula más de 7 mil quejas por desplazamiento forzado, afectando a más de 18 mil personas, de las cuales 3,736 (21 %) son menores de 17 años.

El informe detalla que el 51 % son niños y el 49 % niñas. La franja más golpeada es la niñez en edad escolar: el 37 % tiene entre 6 y 12 años, seguida de menores de 5 años (26 %) y adolescentes de 13 a 17 años (25 %).

Jorge Nieto, un adolescente de 13 años que fue consultado durante un recorrido en la capital, lo resume en una frase breve y contundente: “Solo quiero estar en mi casa”.

Según el CONADEH, cada año un promedio de 608 niñas, niños y adolescentes están en riesgo de desplazamiento forzado, enfrentando peligros como amenazas de grupos criminales, reclutamiento y extorsiones.

Desprotegidos e invisibles

La institución advierte que cada vez que una voz migrante es silenciada, el sistema se vuelve insuficiente para responder a la complejidad de los casos.
Elsy Reyes, coordinadora de Movilidad Humana, explica:

“Los niños migrantes no solo enfrentan los riesgos de su trayectoria; también lidian con la invisibilidad. Muchos no tienen documentos, redes de apoyo ni claridad sobre su situación. Su paso es silencioso, no solo para ellos, sino para sus familias”.

En Tegucigalpa es común observar familias migrantes cuyos derechos han sido vulnerados. Aunque sus trayectorias son distintas, coinciden en los obstáculos para obtener información clara, apoyo institucional y condiciones dignas durante su tránsito.

Carmen Noboa, madre venezolana de dos niños, se ha convertido en la voz de sus hijos. “No teníamos opción. No es un viaje fácil, pero quedarse en Venezuela tampoco lo era. Mis hijos necesitan futuro”, relató.
Una situación que también viven familias hondureñas. Salvador, también originario de Venezuela, resume su travesía: “Solo queremos un lugar donde ellos puedan estar tranquilos, sin miedo”.

Organizaciones promigrantes y especialistas coinciden en que es urgente fortalecer los mecanismos de identificación, atención y acompañamiento para la niñez en movilidad. Subrayan que la migración infantil no debe tratarse únicamente desde una perspectiva administrativa, sino con un enfoque integral de derechos humanos.

Debemos escuchar la voz

Las experiencias recogidas en Tegucigalpa muestran que la niñez migrante vive entre vulnerabilidad e invisibilidad. Aunque muchas veces son testigos silenciosos de lo que implica migrar, sus voces quedan opacadas por el miedo, la incertidumbre y, en ocasiones, la esperanza.

Escuchar estas voces y actuar no es solo una obligación legal: es un compromiso ético que Honduras debe asumir para garantizar los derechos de la niñez en movilidad.

Según el Observatorio de Migraciones de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, el año anterior más de 10 mil niñas y niños hondureños fueron detenidos en México, y 7,800 de ellos retornados al país.

A nivel mundial, la magnitud del fenómeno es innegable: 73,5 millones de personas están desplazadas internamente y 35 millones de niños son migrantes internacionales, según la OIM.

Miles de voces disimuladas… que aún esperan ser escuchadas.

El Diplomado Conocer, Construir y Participar para la formación y acompañamiento a periodistas de México y Centroamérica, nace con la finalidad de promover alianzas comunicacionales por los derechos de la Primera Infancia, Niñez y Adolescencia en contexto de movilidad humana. Es coordinado por PAMI Guatemala, facilitado por COMUNICARES, Guatemala, e impulsado en el marco de la Red Regional de Organizaciones Civiles para la Migración -RROCM-.

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